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Fango, kerosen y cuchillo

Fango, kerosen y cuchillo

El Tango, la manifestación cultural más compleja del Río de la Plata nació de manera espontánea, en ambientes marginales.
La entera originalidad del tango como universo cultural está fuera de dudas. En cambio, no hay teoría concluyente acerca de sus orígenes, y ni siquiera su nombre reconoce claramente una etimología. ¿Qué quiere decir “tango”? ¿La palabra proviene de un vocablo africano? ¿Del español “tañer”? ¿Del quechua “tambo”? Es tan incierto como la genealogía de la música y de la danza del tango. Ya en 1913 se zanjaba el asunto con la vaga afirmación: “La historia del tango se pierde en la noche de los tiempos...” En la fragua del conventillo y el arrabal porteños, donde se fundieron costumbres y culturas traídas por la inmigración y propias del criollo, el tango fue apareciendo como una nueva identidad. Podemos afirmar que fue producto de un proceso pero, ¿de qué manera empezó?, ¿en qué momento? “Nadie se propuso hacer el tango”, advierte el musicólogo Carlos Vega. Se dijo que descendía de “habaneras acompasadas y somnolientas” o que fue una cruza de esa misma habanera cubana con la milonga campera. También se lo tipificó como derivado del tanguillo andaluz y de los bailes de la población rioplatense de origen africano –cuyos antepasados habían llegado a estas costas reducidos a la situación de esclavitud-. La Buenos Aires de fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, en todo caso, era campo propicio para toda mixtura: a orillas del Riachuelo era un amasijo de costumbres, lenguas, modismos y bailes; una babel de marineros, cuarteadores y artesanos, criollos compadritos e italianos acriollados, nativos y extranjeros. Un mundo de inmigrantes europeos y gauchos sin montura, con preponderancia de población masculina que había dejado sus afectos más o menos lejos y buscaba diversión. La leyenda ubica los pasos fundadores del tango en las veredas de los arrabales porteños y los patios de los conventillos. Allí se habrían forjado las primeras vueltas, cortes, quebradas y tijeras, como improvisadas destrezas de los compadritos pendencieros, si no como parodias que estos mismos compadritos hacían de los bailes negros. La hipótesis que postula al prostíbulo como escenario de las primeras figuras no es excluyente sino más bien complementaria (aunque, si es verdad que existen títulos de piezas picarescos y de doble sentido que podrían delatar ese origen, éstos no fueron privativos del tango). Apenas puede tenerse por seguro que el tango surgió en el suburbio, y por probable que la danza –inicialmente bailada sobre polcas, mazurcas y otros ritmos en boga- precediera en su aparición a la música –surgida de la inspiración de músicos intuitivos con la función de acompañar el baile-. Se sabe que el tango se radicó en el lupanar sirviendo como antesala del sexo, que debe su difusión en los barrios a las manivelas de los organitos callejeros y que progresivamente llegó a los hogares de las familias porteñas “de sociedad”, a los cafés del centro y a las academias de baile, aunque su completa aceptación sólo se produjo una vez que París se rindió a su seducción y que el barón De Marchi promovió su “absolución” en una gala en el Palais de Glace de Buenos Aires (en 1913). Sus primeros instrumentos fueron la guitarra, la flauta, el piano, la mandolina, el violín... surgían dúos y tríos. Recién con el nuevo siglo aparecerían los cuartetos y quintetos. El advenimiento del disco le dio a los primeros tangos una difusión sin precedentes, en versiones instrumentales de bandas y rondallas, y en la voz de pioneros cantantes herederos unos del payador y otras de las cupletistas. Surge Angel Villoldo, portavoz del bajo fondo y del hombre común, autor de tangos como El porteñito, El esquinazo, La budinera, y su inconfundible El choclo. Triunfan Alfredo Gobbi y su esposa Flora Rodríguez, Rosendo Mendizábal con Viento en popa, Final de una garufa, Polilla o El entrerriano, pieza compuesta hacia 1897, vigente hasta hoy en los repertorios y buen referente de los tiempos en que el tango criollo instrumental fija una estructura reconocible. Irrumpen Eduardo Arolas y Juan Maglio Pacho... pero ya el tango había incorporado un instrumento que con el tiempo se identificaría plenamente: el bandoneón.